A 10 metros del santuario del Gauchito Gil que se encuentra en la Quebrada de Lules se escuchó un disparo y se vio un fogonazo en medio de la oscuridad. Segundos después, dos motos huyeron de allí a toda velocidad. Cuando la Policía llegó al lugar, lo único que encontraron fue el cuerpo de un joven de unos 20 años tirado debajo de un árbol. De inmediato lo llevaron hasta el hospital Padilla, pero murió antes de llegar. De pronto, los investigadores se encontraron en un laberinto: tenían a un muchacho muerto con el pecho perforado de un balazo, pero no sabían quién era ni por qué lo habían asesinado.
Las primeras puntas de ese ovillo comenzaron a desatarse en el lugar del crimen. Según se pudo saber, el santuario se ubica al menos a 100 metros de la casa más cercana, pero también a unos 300 de un popular boliche de la localidad. Allí surgieron las pistas: según pudieron recoger los uniformados de la comisaría y de la división Homicidios, muchos de los que salen del local bailable se juntan en la gruta para tomar bebidas alcohólicas. De inmediato se materializó la hipótesis de que podía ser un violento enfrentamiento tras una discusión al calor ánimos exacerbados por el alcohol o la droga. “Siempre se juntan allí. Es más, antes de que lo mataran al muchacho, había mucha gente ahí reunida”, señaló una vecina de la zona a LA GACETA que prefirió que su nombre se mantuviera en reserva. Sin embargo, había algo más. Y ese dato llegó enseguida.
El lugar del amor
Lo cierto es que la gruta no sólo cobija a quienes buscan un lugar para beber entre amigos. La oscuridad y la maleza convirtieron al sitio en uno de los favoritos para las parejas que quieren pasar un rato íntimo. Según se pudo saber, de madrugada es incesante el movimiento de motos en la zona, hasta que empieza a aclarar y la Policía monta su habitual control vial sobre el pavimento a las 7. Por ese dato, se llegó a la virtual resolución del caso. Al recorrer ese camino investigativo, los uniformados pudieron saber que las parejas en los últimos tiempos eran un blanco ideal para una banda de tres asaltantes que estaban haciendo estragos en la zona.
Cerca del mediodía, los familiares del joven fallecido reconocieron el cuerpo. Se trataba de Claudio Navarro, de 20 años, y oriundo del barrio “Boca del Tigre” de Lules. Al saber su nombre, se comenzó a indagar sobre los últimos instantes de su vida y así Homicidios (a cargo de los comisarios Hugo Cabezas, Sergio Juárez y Daniel Cuellar) llegaron hasta dos adolescentes de otro barrio, Villa Nueva, de 15 y 17 años. El más chico fue entregado a sus padres por orden del Juzgado de Menores, pero el mayor quedó alojado en el Instituto Roca y hoy deberá ser presentado ante el fiscal de turno, Washington Navarro Dávila. Es que se sospecha que los dos menores de edad, junto al fallecido, serían los asaltantes que aterrorizaban a las parejas.
La hipótesis puntual que se maneja en torno a este caso es que se trató de un intento de asalto que terminó en tragedia. Se sospecha que cuando Navarro se habría dirigido hacia la pareja, recibió el balazo en la parte izquierda del pecho y cayó sin vida. Al instante huyeron del lugar la pareja y los menores.
El próximo paso será tratar de confirmar la teoría y lograr hallar al autor del disparo. Se espera que los resultados que recogió Criminalística traigan pistas fuertes que echen luz sobre los puntos que continúan oscuros en la historia.